Se acaba, se muere la magia que nos mantenía unidos en un
mundo de afán e ilusiones. Seguimos tirando del carro, pero la fuerza se
desarma, cabalgando por las lágrimas, que ya nada volverá a ser como antes.
Fingimos saber que todo permanece, engañándonos a nosotros mismos, aún
sabiendo, que todos los caminos llegan a roma menos el nuestro, que termina en
una calle cortada.
Hasta donde hay que llegar, me pregunto repentinamente, mi
mente no calla, y las dudas no resuelven, todos aquellos dilemas, que acumula
un querer y no poder.
El miedo de perderlo todo, de que quede en un se ha acabado,
evita que respire, ahogándome lentamente, aún sabiendo, que por mucho que
cierre los ojos, todo ha muerto...
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